No te fíes de lo que digan

No nos engañemos: el marketing tiene mucho que ver a la hora de elegir un libro. De hecho, puede ser el factor determinante que haga que te decantes por uno en vez de por otro. Sí, ya sé, todos nos leemos la contraportada para saber de qué va lo que vamos a leer, pero si a eso le sumas una portada atractiva y unas críticas extremadamente positivas… las probabilidades de que compres lo que tienes entre manos aumentan considerablemente.

Tras dejarme guiar por las alabanzas a los dos últimos libros que me he leído, he llegado a  2 conclusiones:

no hay que fiarse de lo que digan

– los libros que me compre a partir de ahora no tendrán ningún tipo de crítica en sus lomos.

Y es que me ha dado la sensación de que las editoriales han hecho lo mismo que hicieron con El Corazón Arponeado de Marge Simpson (a continuación se supone que iba a ir un vídeo del capítulo en el que le piden a un escritor que diga por teléfono que la novela de Marge es maravillosa para poder ponerlo en la portada, pero Youtube nunca tiene el vídeo que necesito cuándo lo necesito… Pero os dejo uno del mismo episodio para que os ubiquéis)

A continuación os dejo un par de ejemplos de libros que valen bastante menos de lo que sus críticas dan a entender:

 El Mal Camino de Mikel Santiago:

“Lanzaos a leer a Mikel Santiago como si no hubiera un mañana”, Marga Nelken – El Mundo –

“Decía Hitchcock que no se logra mantener en tensión al espectador ni crear suspense sin emociones. Sabios consejos que sigue Mikel Santiago” Lluìs Fernández – La Razón –

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BOBADAS.

El Mal Camino carece de emoción, prácticamente desde el principio sabes por dónde van a ir los tiros. Sigues leyendo porque esperas un quiebro que te sorprenda, que le dé un vuelco a la trama, pero eso no pasa nunca. El libro de Mikel Santiago no es más que la paranoia de su protagonista, un escritor famoso con tendencia a los excesos.

Lo único que deseaba mientras leía El Mal Camino era que alguien creyera al pobre escritor para que se acabara la novela, porque por supuesto el protagonista está en lo cierto desde el minuto uno.

 Aurora de Kim Stanley Robinson.

Contiene sólo una crítica en sus lomos, pero fue lo suficientemente poderosa como para inclinar mi balanza a su favor:

“Aurora es una obra magnífica. Sin duda la mejor novela de Robinson desde su impresionante Trilogía de Marte y quizá la mejor de su carrera.” Adam Roberts – The Guardian –

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Lo primero que pensé al terminar Aurora fue “Este señor y yo no hemos leído el mismo libro”. Y después “Mire Mr. Roberts de The Guardian, si esta puede ser la mejor novela de la carrera de este señor… NO ME QUIERO IMAGINAR CÓMO SERÁN LAS DEMÁS“.

Aurora es aburrida hasta la médula: hasta la página 190 (de 413) no pasa nada medianamente interesante. Luego decae, para después despegar un poquito y adentrarse de nuevo en el más tedioso de los tedios.

La narración anda bastante escasa de emoción, aunque teniendo en cuenta que estamos ante una historia contada por una nave espacial podría llegar a aceptarlo por coherente (¿tienen emociones las máquinas? ¿Son capaces de sentir? Inteligencia Artificial to the fullest). Pero la protagonista es absolutamente INSOPORTABLE: lenta, insegura, torpe, miedosa (que vale, tiene momentos para estar acojonada pero no las 24/7 lo 365 días) y tremendamente aburrida.

En definitiva, no invirtáis ni 1€ en este libro. Yo tuve suerte porque me lo prestaron, pero si me lo llego a comprar me estaría dando cabezazos contra la pared.

En el lado opuesto de la balanza, tenemos La Sonanta del Gringo. Memorias de una Black Beauty de Nùria Torreblanca.

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Un libro sin colores estridentes en su portada y sin ningún tipo de maravillosa crítica en la contra y es estupendo y original: narra las aventuras y desventuras de una guitarra desde el punto de vista de la guitarra. Es divertido, musical y altamente recomendable.

Todo esto ha hecho que me decida a no fiarme de lo que digan, sino, simplemente, a dejarme llevar por el flow de las letras.

Felices (y recuerda #notefíesdeloquedigan) lecturas.

El 40% no tiene ni idea de lo que que se pierde… pero no toda la culpa es suya

Estaba yo tan tranquila perdiendo un poco el tiempo en Twitter cuando me da por fijarme en los TT del momento y veo el siguiente: el 40%. Lo primero que pienso es “¿con qué va a sorprenderme Twitter esta vez?” Duda de fácil solución, pues no había más que pinchar en el TT para dar con la respuesta, que me pone un poco triste, me enfada mucho pero que no me sorprende nada en absoluto:

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Pues sí pequeñines míos, vivimos en un país en el que el 40% de la población parece tenerle alergia a los libros, o al menos así lo afirma un estudio de la Federación de Gremios de Editores de España. Y la estadística no parece que vaya a mejorar de cara al futuro…

¿Y por qué no leen los españoles? A continuación os dejo las razones que esgrimen unos cuantos ciudadanos ante un reportero de La Sexta:

Ciudadana 1: “La verdad es que bostezo bastante cuando leo. Me aburre”

Ciudadana 2: “La novela escrita es que no me gusta. Me gusta la de la tele

Ciudadano 3: “No soy muy aficionado a leer libros, la verdad. Me gusta leer artículos, revistas por Internet y cosas así”

Y yo ahora aquí podría darles las siguientes respuestas:

A la Ciudadana 1: “Puede que no hayas dado con tu medio libro (la versión literaria e impresa de la media naranja de toda la vida)” o “No seas boba, llévate un libro a la cama y combate el insomnio.”

A la Ciudadana 2: “Buena señora, ¿de dónde cree que salen muchas de las tramas que aparecen en las novelas de la tele que tanto le gustan?”

Al Ciudadano 3: “¿Por qué no pruebas a buscar un libro que trate sobre aquellos temas que normalmente lees en otro tipo de soportes/medios?”

Pero sería la opción sencilla. Lo cierto es que vivimos en un país en el que la lectura se fomenta muy poco y donde los libros son prácticamente un bien de lujo. Alguno me dirá “Las bibliotecas existen”. Cierto, pero como bien señalan desde Vozpopuli, su presupuesto de compra de libros ha pasado de 1,5€ a 0,5€. Tenemos, en consecuencia, unas bibliotecas algo desactualizadas.

Que cada uno haga con su tiempo libre lo que le salga de la pepitilla, del pirri o de lo que tenga ahí abajo, que yo no soy quién para decirle a nadie lo que tiene que hacer, pero leer es maravilloso: viajar a otros lugares, vivir vidas y emociones que no son las tuyas pero que podrían serlo… Todas esas experiencias geniales y mucho más condensadas entre dos portadas. El 40% no sabe lo que se pierde…pero no toda la culpa es suya.

Aunque no todo está perdido, y es que del estudio se desprende un dato esperanzador: los jóvenes son los que más leen. No todo está perdido.

Felices lecturas (¡y feliz año!)

El día que Harry Potter se convirtió en un culebrón venezolano

Fui a La Casa del Libro con un objetivo claro y preciso: comprarle a mi padre su regalo de cumpleaños. Mi intención era ser como uno de esos caballos a los que les ponen un chisme en los ojos para que sólo miren de frente. Cualquier cosa con tal de anular mi visión periférica para no volverme loca entre tanto libro…

Con lo que no contaba yo era con encontrarme nada más entrar con una pared repleta de lo último de JK. Rowling: Harry Potter y el Legado Maldito. Y claro, caí, por que ¿cómo no voy a caer en algo que lleve en su título la palabra Harry Potter?

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¿Me ha gustado? Gustarme así de GUSTARME con mayúsculas y estar dispuesta a enfrentarme con aquel que diga que es una birria… pues no, pero yo que sé Harry Potter es HARRY POTTER y muy malo tiene que ser para que no me entretenga.

Es complicado explicar los sentimientos que despierta en mi El Legado Maldito sin hacer ningún tipo de spoiler, pero lo voy a intentar para aquellos que todavía no se lo hayan leído: es una historia que seguro que habeis leído y/o visto en más de una ocasión, no tiene nada de novedosa. Es más, si esta historia en vez de estar protagonizada por un Potter lo estuviera por un Williams probablemente dirías: “vaya birria”.

¡ATENCIÓN SPOILERS! A PARTIR DE AQUÍ, SI SIGUES LEYENDO LO HACES POR TU CUENTA Y RIESGO.

Vayamos por partes,JK:

1) Lo de los viajes en el tiempo está ya muy trillado. Es más, lo de viajar en el tiempo para cambiar algo y que al volver al presente nada sea como era ya lo hizo Homer Simpson en su día…

2) Lo de meter a Albus Severus en Slytherin y hacerle amigo íntimo de Malfoy junior, formando un duo de incomprendidos marginados… también era algo bastante previsible. Es explorar la vida de su padre que nunca fue, su paso alternativo por Hogwarts. Harry no quería ir a Slytherin y finalmente el Sombrero Seleccionador lo metió en Gryffindor. Del mismo modo, Albus Severus Potter no quiere ir a Slytherin, pero a él le toca joderse y aguantarse.

3) Lo de liar a Bellatrix Lestrange con Voldemort… ejem, ejem. Pero bueno, aceptemos que hasta al más malvado de los magos y a la más pirada de las brujas les pica lo mismo que a la mayoría de los mortales. Lo compro, con reticencias, pero lo compro. Pero que el resultado de esa noche loca sea una niña malvada… es un giro más propio de culebrón venezolano que de Harry Potter. Vale, hacía falta un malo en el libro, pero una bastarda Voldemort-Lestrange me parece forzar demasiado las cosas.

A groso modo, Harry Potter y El Legado Maldito no vale los 25€ que tuve que pagar por él (versión especial y su puta madre, porque era la única edición que tenían en inglés). Es más, cada vez estoy más segura que todo lo que lleve la palabra Harry Potter, que no forme parte de la saga original, no es más que un saca-dineros. En este caso, JK. no sólo percibirá ingresos por la venta de los libros, sino también por las entradas para la obra de teatro, que me da a mi que no son especialmente baratas.

JK Rowling juega con una gran ventaja y es que sabe que aunque cree una mierda pinchada en un palo, si lleva la palabra Harry Potter en ella, todos aquellos que crecimos leyendo las aventuras del joven mago, nos la acabaremos comprando antes o después.

No es que El Legado Maldito esté mal, pero es bastante prescindible.

Felices (y malditas) lecturas.

5 motivos para odiar los e-books y 1 para tolerarlos

Allá por el año 2012, cuando todavía estaba estudiando la carrera (those wonderful old days), un profesor nos dijo que un conocido periodista (de cuyo nombre no me acordaba entonces y del que sigo sin acordarme ahora) se entrenaba escribiendo 1.000 palabras al día todos los días.

De estas palabras nació uno de los muchos intentos de blog que he ido acumulando a lo largo de los años: Mil palabras (a originalidad me ganan pocos). El proyecto acabó en agua de borrajas pero, a raíz de mi enfado con JK, me acordé de él.

En esa época escribí una entrada en la que enumeraba el por qué odiaba los e-books. Entrada que recupero y actualizo para este blog con la intención de mostrar al mundo una vez más mis 5 motivos para odiar los e-books (y uno para tolerarlos).

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1) Los e-books no huelen: no huelen ni a nuevo, ni a viejo, ni a polvo ni a nada. El olor a libro nuevo es uno de los mayores placeres relacionados con el mundo de la lectura. Nada como hundir la nariz entre las páginas de un libro recién comprado y dejarse embriagar por su perfume…

Los libros nuevos huelen a aventuras que emprender, a promesas que hacer, a juramentos que incumplir, a traiciones que cometer, a crímenes que resolver… En definitiva, los libros nuevos huelen a imaginación.

2) Las bibliotecas de e-books serán un crimen para la vista. Siempre he querido una biblioteca como la de La Bella y La Bestia, bien grande y con techos elevados. Un espacio forrado de estanterías repletas de millones de libros con lomos de diferentes colores y con esas escaleritas correderas tan guays. En una biblioteca así se pueden hacer competiciones de “a ver quién encuentra tal o cuál libro antes”. Algún día tendré una y será maravitupenda.

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Cuando pienso en una biblioteca compuesta por e-books sólo veo un único dispositivo gris en medio de una sala profundamente vacía y profundamente triste.

3) Adiós al tacto y al oído: al decantarnos por un e-book no sólo renunciamos al sentido del olfato (punto 1) sino también al tacto y al oído. Estos dispositivos no permiten sentir la textura de las páginas ni el maravilloso sonido de frufrú que se produce al pasarlas. Como mucho podemos conformarnos con una imitación electrónica de dicho sonido.

4) Los viajes en metro son más aburridos: siempre me ha gustado ver lo que otros viajeros están leyendo. Las portadas y sus colores alegran el vagón y siempre es bonito compartir miradas cómplices cuando coincides con otra persona que está leyendo lo mismo que tú. Es una pena comprobar como el número de e-books y móviles aumenta y el de libros disminuye…

Eso por no mencionar lo complicado que es averiguar qué narices están leyendo los que utilizan este tipo de dispositivos. Como la curiosidad me puede, siempre acabo asomándome lo más discretamente posible para ver qué están leyendo. Baste decir que una vez un señor me preguntó si podía pasar de página para demostrar mis grandes dotes de discreción.

5) Me gusta apilar libros, una afición tan válida como otra cualquiera. Me gusta coger un montón de libros, subirlos a mi habitación y apilarlos al lado de mi cama. Me produce satisfacción ver como el montón de los libros por leer disminuye y el de los libros leídos aumenta, y eso es algo que el e-book no me puede proporcionar. ¿Por qué renunciar a los pequeños y sencillos placeres de la vida?

Pero debo reconocer que no todo en los e-books es malo, son cómodos: puedes tener descargados un porrón de libros sin que el dispositivo aumente de peso. Pero oye, son 5 motivos contra uno.

Felices lecturas (de papel)

2 razones por las que estoy enfadada contigo, JK. Rowling

Mi rutina matutina, llueva o nieve y que únicamente se ve alterada por la más grande de las resacas, es la siguiente: despertarse, desayunar con dibujos animados de fondo y darme un tour por los diferentes medios de comunicación.

Bueno pues estaba yo en pleno tour informativo cuando me encuentro con esto:

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¡Qué bien nuevos libros de Harry Potter! ¿No? PUES NO. Lo cierto es que aunque soy fan acérrima de Harry Potter, este titular y el contenido de la noticia me cabrean Y MUCHO.

Siempre que salta una publicación relacionada con un nuevo libro de Harry Potter (ya me pasó cuando se anunció el lanzamiento de la obra de teatro Harry Potter and The Cursed Child) me planteo invariablemente las siguientes preguntas: ¿es realmente necesario? ¿Es este nuevo libro una manera de darle al César lo que este pide o no es más que una forma de hacer dinero?

También entablo una pequeña discusión conmigo misma:

“- Por mucho que reniegues de él, te lo acabarás comprando y te gustará
– Me da exactamente igual, la saga no necesita más libros: tiene un principio y un final cerrados. Vale, sí, el final son los protagonistas 19 años después, pero Voldemort está muerto y todos los que han sobrevivido son felices así que … who cares?
– La curiosidad te puede y lo sabes. Además, has crecido con los personajes y tienes la oportunidad de seguir creciendo con ellos. Cógela.”

Y al final, antes o después, la cojo. Que todavía no haya cogido el tren de Harry Potter and The Cursed Child se debe fundamentalmente a que está agotado, pero me subiré a él en cuanto lo repongan.

Sin embargo, lo que más me cabrea de la noticia no es eso, es la parte de “en formato ebook”. Ya sé que es un soporte que cuenta con muchos seguidores: es cómodo, te cabe en cualquier lado, los libros son más baratos… Pero soy una enemiga acérrima de los libros electrónicos: no huelen a nada, no hay páginas que pasar, son feos… y por tanto, no soy dueña de ningún chisme de esos.

¿Por qué acotar de esa manera el alcance de los nuevos libros? ¿Acaso no todos los lectores tenemos derecho a leer tus nuevas palabras, JK? ¿Por qué esa discriminación positiva hacia los lectores electrónicos? ¿Te has asociado con algún fabricante de ebooks que quiere aumentar sus ventas?

Vale, publicar un libro en formato electrónico es más barato que hacerlo en papel. Pero yo que sé, JK, cualquier cosa que se pueda leer que lleve en el título la palabra Harry Potter se va a vender como los churros y tú y tu editorial recuperaréis el dinero invertido en un santiamén.

Así que, JK de mi vida, de mi alma y de mi corazón… ¿por qué no hablas con tus editores para sacar un libro recopilatorio en papel? ¡Estoy convencida de que no seré la única persona en estarte eternamente agradecida!

Felices (y físicas y en papel) lecturas